Obsolescencias y otras modas

Recientemente he discutido sobre el tema de la obsolescencia planificada (OP) con gente que, por lo demás, no suele decir tonterías. Mi opinión al respecto de la OP era que no pasaba de ser un mito; pero lo cierto es que no conocía a fondo los argumentos que manejaban los defensores. Tras subsanar parte de esa deficiencia, paso a comentar cosas.

Lo primero es el nombre. En español, “obsolescencia” es la cualidad de ser “obsolescente”, “no obsoleto”. “Obsolescente” es aquello que se está volviendo obsoleto, no lo que ya lo es. Por otro lado, en inglés, “obsolescence” significa “obsoleto” cuando es incontable y “obsolescente” cuando es contable. ¿Queda claro?

En cualquier caso, parece que el término “obsolescencia” se usa en la práctica para estos casos, así que no propondré los términos “obsoletez”, “obsoletura” ni “obsolentencia”, por graciosos que sean.

por otro lado, los términos “planificada” y “programada” se usan a veces indistintamente, aunque en realidad se refieren a cosas distintas. En el primer caso, se supone que los diseñadores planifican que los productos probablemente dejarán de funcionar al cabo de cierto tiempo (por una razón u otra), mientras que en el segundo existe un componente programado a posta para fallar.

Pero dejémonos de nombres y vayamos al grano.

Lo primero que descubrí es que el tema es demasiado amplio para una entrada del blog. Por esa razón, en lugar de intentar tocar todos los temas posibles decidí centrarme en un solo decumental: “Obsolescencia Programada, Fabricados para no durar”.

Impresoras de chorro de tinta

El documental empieza hablando de las impresoras. Esta historia vertebra el documental y no es mala elección porque posiblemente nos encontremos aquí con el mejor ejemplo. Existen razones para pensar que hay algo sospechoso en el mundo de las impresoras de inyección de tinta, empezando por cartuchos que cuestan más que la impresora en sí y terminando por la obsolescencia programada reconocida por algunas empresas de impresoras. Por supuesto, esas empresas dan razones más o menos lógicas para incluir tal cosa, pero en mi opinión no son muy convincentes.

Por supuesto, no es difícil conseguir repuestos a precios hasta cuatro veces por debajo de los originales y el mismo documental reconoce que es posible reactivar algunas impresoras con un sencillo parche; pero eso no les detiene de presentar el asunto como una conspiración secreta y la obtención del parche como si se tratara de una operación de la CIA.

Y claro, tampoco dicen que sólo se trata de las impresoras de inyección de tinta (que por cierto son extrañamente baratas comparadas con productos similares). Las impresoras láser no parecen tener esos problemas.

Bombillas

El siguiente tema que trata el documental es el de las bombillas. Empieza recordándonos que existen bombillas centenarias, que siguen funcionando hoy en día.

Como es habitual, se centran en la duración de las bombillas y en el impacto que tuvo el cartel Phoebus en ello. Vayamos por partes:

El cartel Phoebus.

El cartel Phoebus fue un cartel de, entre otros, OsramPhilips y General Electric firmado el 23 de diciembre de 1924, y que se mantuvo hasta 1939, que existió para controlar la fabricación y ventas de bombillas. (Wikipedia)

Entre otras cosas, el cartel ponía multas a las empresas participantes que hacían bombillas que superaban las 1500 horas de vida y (de menor cuantía) a aquellas que no llegaban a las 800. Como en todo cartel, la idea era reducir la competencia y controlar los precios. Nada nuevo bajo el Sol.

Respecto a las 1000 horas, muchos sitios web insinúan (o dicen a las claras) que el objetivo era estafar a los clientes para vender más bombillas. En ningún momento se habla de otros aspectos importantes, como el precio final de cada bombilla o su eficiencia energética o lumínica. Un estudio británico sobre monopolios realizado en el 1951 habla de la organización Phoebus (que no parece que fuera secreta, por mucho que diga el documental) dice:

One of the first actions of the Phoebus organisation when it was created in 1925 was to lay down a standard life of 1,000 hours—then already in common use in the United Kingdom and elsewhere—for general
service filament lamps; it was provided that no mention of ” long life” should be made in any advertisement for lamps. A scheme for penalising excessive life or short life was worked out and after 1929 there were fines
for a life in excess of 1,500 hours and fines on a lower scale for a life shorter than 800 hours unless the manufacturer had given notice that he had economic justification for making the life shorter.

Es decir, Phoebus no parece haber hecho nada especialmente malvado. De hecho, los precios de las bombillas descendieron hasta una tercera parte en un periodo de 25 años (del 1924 al 1949).

Duración, eficiencia, precio

Lo cierto es que, en una bombilla, la duración no es la única variable a tener en cuenta. Una bombilla que dure mucho pero que sea muy costosa de fabricar o que gaste mucha electricidad comparado con la luz que da, no es una buena bombilla para uso general. Nadie dice que no sea posible construir bombillas que duren más de 1000 horas o incluso siglos. Basta usar filamentos más gordos y disminuir la temperatura (y por tanto la luz que generan). Lo difícil es construir una bombilla que sea eficiente y barata.

En ciertos sitios web y, de forma implícita en el documental, se afirma que bombillas construidas en los países comunistas duraban más. He sido incapaz de encontrar datos de esas mayores duraciones y, mucho menos, de otras características técnicas.

Sin embargo, la idea ha calado y hasta hay quién se está aprovechando de ella. La empresa OEP electrics intentó lucrarse a partir de la idea de que las compañias tradicionales vendían bombillas con sólo 1000 horas de duración, mientras que las suyas, de tecnología LED, duraban mucho más. Se olvidaba de decir que esas mismas compañias también vendían bombillas LED de mucha mayor duración y a precios competitivos con los de OEP, o que la investigación en iluminación LED se la debemos, en parte, a esas compañias tradicionales.

Obsolescencia por diseño

El siguiente tema del documental es la obsolescencia planeada por vía del diseño. La idea es que los productos no dejan de funcionar, simplemente empiezan a resultar anticuados. La gente compra otros porque los nuevos productos molan más. Parte de la culpa de eso se la echan al diseñador Brooks Stevens, que reconoció que sus diseños pretendían que el comprador comprase lo nuevo antes de lo necesario.

Esto es claramente cierto. Lo único que puedo agregar es que la mayoría de la gente parece aceptarlo sin problemas. En ropa se hace tan a las claras que las empresas que se dedican a ello no se sonrojan en presentar cada año nuevos modelos de prendas de vestir que no añaden ningún tipo de funcionalidad. Tienen una obsolescencia planeada de un año y nadie parece quejarse.

Seguro que las serpientes se pudren enseguida

Supongo que parte de la razón es que creemos entender cómo funciona el mundo de la moda (yo no) mientras que bombillas e impresoras son productos tecnológicos cuyos detalles de funcionamiento se escapan a la mayoría de las personas. Pero lo cierto es que la razón para comprarse el nuevo IPhone o las nuevas zapatillas Nike son, más o menos, las mismas.

Sin embargo me niego a aceptar que esto es obsolescencia planificada.

Al otro lado del telón de acero

El documental habla de la falta deOP en las economías del este (economías planificadas, curiosamente). Como ejemplo aparece un alemán mostrando un frigorífico hecho en la Alemania del este que, sorprendentemente, tiene 25 años.

Supongo que eso quiere decir que los frigoríficos del mundo occidental duran mucho menos. El mío tiene 24 años, así que deduzco que fallará uno de estos días. Por el momento ahí sigue, sin dar ningún problema y sin que sea necesario deshelarlo cada cierto tiempo. Hace algo de ruido, pero funciona.

A parte de estas anécdotas, no tengo datos que demuestren que los productos hechos en los países comunistas fueran más duraderos que los nuestros.

Baterías IPod, Nylon etc.

Por no alargarme demasiado, voy a tratar de otros temas más rápidamente.

En el documental se habla de que las baterías del IPod no se pueden cambiar. Es conocido que muchos productos Apple tienen los diseños estilizados que tienen en parte por qué renuncian a detalles como baterías reemplazables, tapas móviles, etc. Los productos Apple son artículos de lujo y deberían ser valorados así. Un reloj Cartier no es mejor que un Casio, sólo más lujoso.

Respecto al Nylon, se dice que Dupont obligó a fabricar un Nylon de menor calidad para que las medias durasen menos. Cabe preguntarse por qué inventaron el Nylon después de todo. Aunque conozco gente que trabaja en Dupont que me ha contado esa misma historia, no conozco datos que la respalden. Sólo la historia de alguien que dijo que eso había sucedido.

En resumen, no voy a negar que, puntualmente, alguna empresa haya utilizado o utilice hoy en día algún tipo de OP. Su efecto, sin embargo, me parece bastante pequeño en general. ¿Os habéis fijado lo poco común que es, hoy en día, ver a gente cambiando ruedas? ¿O que salgan óxidos en el coche a los dos años de haberlo comprado? Pese a que los coches de ahora son mucho más complejos, potentes y eficientes que los antiguos, son bastante duraderos. De hecho, la mayoría de la gente los cambia antes de que se lleguen a estropear.

Antes todos los coches llevaban un par de estas junto al perro de plástico de cabeza bamboleante