Vamos de cráneo

Hoy los medios han hablado de un tremebundo descubrimiento científico:

El País: Un nuevo cráneo agita el debate de la evolución humana

Huffington Post: ‘Cráneo 5’: tiene 1,8 millones de años y cuestiona la teoría evolutiva de los humanos

Público: Un cráneo de 1,8 millones de años cuestiona la historia de la evolución

El Mundo: Un cráneo de 1,8 millones de años reabre el debate sobre las especies de homínidos

Libertad Digital:Un cráneo de 1,8 millones de años reabre el debate de la evolución

Homo Cabreatus

 

Parecería que el descubrimiento ha dado al traste con la teoría de la evolución, al menos en lo que respecta a los humanos. La realidad es muy distinta. Lo único que ha pasado es que algunos de los investigadores proponen que se junten lo que antes se consideraban diversas especies dentro del género Homo en una sola, ya que no existen suficientes diferencias entre ellas.

También dicen los investigadores que no niegan que hubiese otras especies, sólo que no existen suficientes evidencias fósiles de ello.

Esta claro que este “debate” sólo puede considerarse “agitado” dentro del pequeño núcleo de expertos en este tema. En ningún caso “cuestiona” la evolución humana ni existía un debate previo sobre ella (distinto al continuo debate sobre los detalles que existe en todas las áreas de la ciencia).

Por buscar un símil, esto es algo así como decir que el cambio en la clasificación de Plutón como planeta enano reabrió el debate sobre la existencia de planetas.

Preferimos que nos llamen planetas pequeños

Lo curioso del caso es que, en general, el contenido de la noticia es relativamente correcto en todos los casos. Parecería que el editor no entendió la noticia o simplemente escogió un título cláramente erróneo pero mucho más llamativo.

Por cierto, el titular de El Mundo me parece bastante acertado.

Hombre blanco ser malo

Supongo que todos los hemos visto alguna vez. Un cartel con la foto de un indio anciano, de aspecto venerable y debajo un texto en el que se compara (desventajosamente) al hombre blanco con los indios norteamericanos.

No estoy virado al sepia, soy de este color

El texto, supuestamente, es un fragmento de una carta del jefe Seattle (Si’ahl o See-ahth) al presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce.  El contenido es buenrollismo destilado:

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.

A estas alturas, supongo que la moyoría de la gente sabe que el texto no es realmente del Jefe Seattle, sino del escritor Ted Perry y fue compuesto en el 1971, en pleno flower power. Lo que jefe Seattle hizo realmente (en 1854) fue dar un discurso en la lengua Lushootseed, el cual fue más o menos traducido a la (limitada) lengua de comerciantes chinook y treinta y tres años después al inglés. De esta última traducción se hizo años después una reinterpretación que es la que suele encontrarse en Internet. Este discurso no es la supuesta carta y sólo tiene similitudes en algunos puntos.

¿Cómo podemos estar tan seguros de que la carta no es auténtica?

Entre otras cosas, por esto:

Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.

A parte del hecho curioso de que primero use la palabra “tren” y a la siguiente frase recurra al ridículo “caballo humeante de hierro”, los búfalos (o bisontes) más cercanos al territorio del jefe estaban a mil kilómetros de distancia. Además, aún faltaban varios años para que llegasen los primeros trenes al oeste.

En cualquier caso, la carta está bien escrita y su mensaje de vivir en armonía con la naturaleza es importante. ¿Por qué no aceptar el texto por lo que dice y no por quién lo escribió realmente?

En principio parecería que ese argumento es válido, pero en realidad sabemos que no es lo mismo. Ted Perry lo sabía y por eso puso esas palabras en boca del Jefe Seattle, los evangelistas lo sabían y por eso escribieron los evengelios con el nombre de personas que pensaban que habían conocido a Cristo. Las palabras pueden ser las mismas, pero la autoría es crucial.

Pero supongamos por un momento que la autoría no es importante. ¿Acaso no es verdad lo que dice?

Pues lo cierto es que no. Veamos los últimos párrafos:

¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.

¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.

La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.

¿Qué podemos decir del bosque espeso? La sorprendente verdad puede ser que los bosques llegaran con el hombre blanco y no al revés.

En realidad poco se sabe con certeza; pero parece casi seguro que los indios crearon grandes praderas a base de quemar los bosques preexistentes. Norteamérica estaba cubierta de bosques antes de la llegada de los primeros habitantes (ahora llamados nativos), que quemaron enormes extensiones de bosque para convertirlos en praderas. Citando al historiador del fuego Stephen Pyne:

Most of the impenetrable woods encountered by explorers were in bogs or swamps from which fire was excluded; naturally drained landscape was nearly everywhere burned. Conversely, almost wherever the European went, forests followed. The Great American Forest may be more a product of settlement than a victim of it.

Es decir, que los grandes bosques americanos son más bien un producto de la colonización europea. No sé hasta que punto esto es verdad, pero sospecho que, al menos, lo es en parte.

No es mi intención con esto decir que los indios eran malos y los europeos buenos. Nada más lejos de mi intención. Lo que pretendo es mostrar que cuando se miran las cosas en detalle, las diferencias entre unos y otros no parecen tan grandes.

…O yo qué sé