¿Dónde están los números?

Acabo de leer un ensayo en el que su autor rememora los tiempos anteriores a la televisión, cuando la radio de la casa era casi la única fuente de información y entretenimiento. El ensayo describe al propio autor cuando era niño girando el sintonizador mientras el dial se movía por las diferentes frecuencias y cómo, para él, cada estación estaba asociada a un número de kilociclos determinado. En ese momento caí en la cuenta de algo.

¿Dónde están los números?

Evidentemente, los números siguen ahí, en el platónico mundo de las ideas (al menos para aquellos que crean en el platonismo matemático); pero lo cierto es que, en un mundo cada vez más tecnológico, los números parecen tener cada vez menos presencia en nuestras vidas. La razón, me parece a mí, es que entre nosotros y la realidad (describible con números) se nos ha colado un filtro. Un filtro de mercadotecnia. Vamos a ver unos ejemplos para que se entienda lo que quiero decir.

La radio sigue existiendo, pero ya no es necesario saberse número alguno. Pulsamos un botón y el sintonizador automático nos va mostrando nombres: “Radio Nacional”, “La SER”, “La COPE”. Podemos asociar estas cadenas a botones numerados de sintonización rápida, pero estos números no representan nada real, son sólo mnemotécnicos. En la actualidad no es necesario saber nada sobre frecuencias para escuchar la radio.

Lo mismo ocurre en la televisión. Tenemos mandos a distancia con botones numerados y los expertos en mercadotécnia escogen los nombres de las cadenas para simplificar nuestra “elección”. Pero no existe correspondencia alguna entre esos números y la frecuencia a la que las emisoras emiten.

De forma similar, hace no muchos años, cuando Internet daba sus primeros pasos (me gusta usar metáforas ridículas, como hacen los periodistas), era necesario saberse o apuntar las direcciones IP. En lugar de Google decíamos 173.194.73.147, que son los números que realmente usa Internet para manejar los paquetes de información. Por supuesto, en los tiempos de los que hablo aún no existía Google (ni la web, ya que estamos).

Reconozco que en todos estos ejemplos, la razón del cambio es compresible. Los números son, generalmente, más difíciles de recordar, especialmente, cuando hay muchas cadenas o direcciones. Además, son dependientes del medio usado para la transmisión. Telecinco sigue siendo Telecinco, no importa si la vemos en la televisión tradicional, TDT, cable o Internet. Sin embargo, no deja de ser cierto que cada vez estamos expuestos a menos números.

Por eso voy a dibujar un siete

Entran los “expertos” en mercadotecnia

Hay casos, sin embargo, en los que la cosa está tan clara.

Cuando llegué a Estados Unidos, muchas cafeterías ofrecían tres tamaños de café medidos en onzas. Muchas veces, al lado de las onzas se indicaba que se trataba de pequeño, mediano, o grande; pero la medida estaba ahí. Starbucks, sin embargo, llama a sus medidas tallgrandeventi. Yo pensaba que parte de la razón era para no confundir medium, como tamaño del café, de medium roast (tipo de café, algo que también hay que elegir); pero parece que la única razón es pura y desagradable mercadotécnia. Los signos son claros, palabras exóticas (“grande” es exótico en inglés) y que tratan de exagerar las virtudes del producto: “tall” es ahora el café más pequeño.

Pero lo peor es que esa denominación se está extendiendo a otras cafeterías que no son Starbucks. Donde antes teníamos la precisión de las onzas (aunque desconozco lo que es una onza), ahora vemos el tamaño de los cafés desvirtuado por el filtro de la mercadotécnia.

Otro ejemplo claro son los coches. Hace años, los coches se conocían por su número de modelo: Seat 600, Peugeot 504, Renault 8. Es cierto que esos números no siempre tenían un significado claro, en el mejor de los casos eran más o menos consecutivos, indicando el orden en el que se iban diseñando, en el peor de los casos, eran simples etiquetas.

Ahora los modelos de coches tienen nombres pretenciosos. No voy a poner ningún ejemplo real porque no los recuerdo, pero seguro que todos sabéis a qué me refiero: Mitshubishi Cilantro, Seat Alcarria o Ford Almena. De nuevo, pasamos de los fríos números a las etiquetas que evocan un falso exotismo.

Tengo la impresión de que hay muchos más ejemplos, pero no se me ocurren más.  ¿Alguna idea?

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s